1. A quién le importa la Educación
Al acercarse el debate sobre presupuestos generales del Estado y disponerse el gobierno a repartir el dinero público, se han elevado muchas voces preocupadas por la educación. Hemos oído a los que se preocupan, a los que se ocupan y también a los que se lucran en el sector educativo. Y por encima de todos, hemos escuchado una voz atiplada tratando de capear tercamente el vendaval de reclamos. Es Esperanza Aguirre, ministra de Educación.
Sindicatos, asociaciones de padres de izquierda y de derecha, y religiosos católicos de la privada concertada han conseguido ponerse de acuerdo para pedir más inversión del Estado en la enseñanza pública y en la concertada (que es la enseñanza privada subvencionada por fondos públicos) avalando la aplicación de la LOGSE (el plan de educación puesto en marcha por el PSOE). La ministra promete generalidades y con una mano aplaude el acuerdo mientras con la otra alerta sobre conspiraciones políticas ocultas tras el documento firmado por estas organizaciones. Por otro lado, los profesores de secundaria critican la LOGSE por la pérdida de nivel educativo que implica y la tachan de ser una copia del plan educativo experimentado en Francia en los últimos años y retirado por ineficaz.
Las cúpulas políticas, sindicales, religiosas y docentes discuten acaloradamente sobre inversión y viabilidad del plan educativo. Pero todas ellas aceptan sin fisuras que la educación debe adecuarse a las necesidades del mercado.
2. Al mercado le interesa
Todos hablan de una educación más práctica que facilite la incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo. Esta idea tan “razonable” es la bandera de quienes quieren usar la educación como herramienta para convertirnos en piezas desechables de una inmensa maquinaria de producir dinero.
Especializaciones al límite, adecuadas a las necesidades cambiantes de la empresa, y el conocimiento fragmentado en millones de parcelas constituyen el modelo educativo diseñado por los timoneles de la economía. Por eso el dinero público se va a ir desviando hacia la formación profesional por un lado, y por otro hacia el capital privado que invierte en educación.
El pensamiento crítico y la capacidad de comprender y, por tanto, de transformar el mundo están hoy más amenazados que nunca. Si no hacemos algo urgente, podemos encontrarnos antes de diez años con oleadas de analfabetos funcionales compitiendo desesperadamente por un trabajo escaso y precario, mientras nuestros padres y los que nos precedieron en el trabajo quedan desadaptados y arrinconados.
3. Pero a nosotros nos concierne
Somos nosotros, los alumnos, padres y profesores los que estamos implicados en la educación y es nuestro futuro el que está en juego.
La educación es un valor y un derecho que está por encima del dinero y de los intereses del estado.
Los especuladores quisieron hacernos creer que la educación es sólo un tema económico y que debe quedar en manos de los contables y de los administradores. Pero su mentira es evidente y peligrosa. La educación está hoy en las peores manos.
Si el mundo-mercado convierte a las personas en mercancía o en desecho, la educación debe capacitarnos para cambiarlo. No hay dignidad en la educación si no está dirigida a abrir el futuro de todos. Pero eso es algo que Esperanza Aguirre no puede comprender. Aun así, queremos decirle…
4. Sra. MINISTRA:
No le creemos a Vd. cuando dice que en el año 2.000 los libros de texto van a ser gratuitos.
No le creemos a Vd. cuando dice que habrá igualdad de oportunidades para todos.
No le creemos a Vd. cuando dice que aumentará la calidad de la enseñanza.
La verdad de las cosas es que ni a usted ni al presidente Aznar les preocupa nada el futuro de nuestros hijos. Nuestros hijos van hacia una educación mediocre, mientras que los suyos y los hijos del dinero son preparados para ocupar los cuadros dirigentes.
Usted dice que la educación debe adecuarse al mercado, y que así podremos aspirar, quizás, a un puesto de trabajo. Centenares de generaciones la contemplan, señora ministra. Nuestros padres y los padres de nuestros padres lucharon por aprender y hacer un mundo mejor. Esa riqueza histórica se acumula en la cultura y la educación. Y usted pretende robarnos esa riqueza a cambio de la promesa (dudosa) de un empleo en precario.
Señora ministra de Educación, usted no puede llamarse “Esperanza”. Ha suspendido.
Por tanto, y como le dijimos desde el principio al señor Aznar, váyase también, señora Aguirre.
Convocatoria humanista “Por la Educación y su futuro”:
- Queremos una educación pública, gratuita y de calidad para todos.
- Queremos acceso permanente al conocimiento para todas las generaciones, para comprender y humanizar juntos el mundo veloz que nos rodea.
- Si eres alumno, padre o profesor, la educación y su futuro pasan por tus manos. HAGÁMONOS CARGO.
Portavoz provincial del Partido Humanista
Ramón E. Rojas Hernández
16/12/1997